Todos los médicos, independientemente de su especialidad, recomiendan a sus pacientes actividad física y una dieta sana. Se trata de la recomendación más sencilla y subyacente de la atención sanitaria preventiva. Como sabemos, la actividad física regular tiene beneficios mensurables en términos de pérdida de peso, mejora del bienestar, reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares o disminución de la tensión arterial. Estudios recientes han demostrado que el deporte también protege contra el cáncer.
En el Reino Unido, un estudio reveló que alrededor del 4% de los cánceres colorrectales, de mama y de endometrio estaban relacionados con un estilo de vida sedentario. En Suecia, por otra parte, se realizó un estudio sobre un grupo de 40.000 hombres que demostró claramente que aquellos que caminaban o montaban en bicicleta al menos 30 minutos al día tenían un34% menos de riesgo de morir de cáncer y un 33% más de posibilidades de vencerlo que aquellos cuyo estilo de vida no incluía ninguna actividad.
El mayor impacto de la actividad física en la reducción del riesgo de desarrollar cáncer se observa en el cáncer colorrectal. Se estima que este riesgo se reduce en una cuarta parte, y en las personas delgadas hasta en la mitad. El mecanismo del efecto beneficioso es muy complejo y consiste, entre otras cosas, en una reducción de la cantidad de grasa visceral (que se acumula alrededor de los órganos abdominales), una regulación del trabajo del tubo digestivo en forma de paso acelerado del contenido intestinal, una disminución de la concentración de insulina y otras hormonas que pueden estimular el crecimiento de tumores, y una reducción de la inflamación que puede ser la base del desarrollo de tumores.
También se está estudiando el impacto de la actividad física en la probabilidad de desarrollar cáncer de mama. Parece que el deporte tiene un efecto protector en las mujeres tanto antes como después de la menopausia. Se cree que la base de esta prevención es la regulación de los niveles hormonales. Sin embargo, el mayor efecto protector de la actividad física regular se observa en las mujeres que fueron activas en su juventud y son delgadas.
No se sabe con certeza cómo influye la actividad física en el desarrollo del cáncer de endometrio, pero existen pruebas indiscutibles de que el trabajo sedentario favorece el desarrollo de este tipo de cáncer.
¿Qué es una "dosis eficaz" de actividad física? Pues bien, sólo 30 minutos de ejercicio al menos tres veces por semana reducen significativamente el riesgo de padecer la enfermedad. Si es posible, merece la pena hacer ejercicio incluso 5 veces por semana, ya que en este caso más ejercicio significa un riesgo menor. Por supuesto, lo ideal es que una dieta sana y equilibrada, la reducción del estrés y una buena higiene del sueño vayan de la mano del deporte. También es extremadamente importante abandonar todos los estimulantes, especialmente el tabaco y el alcohol, ya que su impacto en la incidencia del cáncer es enorme. Merece la pena empezar con "pequeños pasos": paseos cortos, salidas en bicicleta y ampliarlos gradualmente o aumentar su frecuencia, hasta que el movimiento se convierta en rutina.