Las enfermedades cardíacas y cardiovasculares dependen en gran medida del estilo de vida, y uno de los elementos más importantes de la prevención es una dieta adecuada. Reducir el consumo de grasas saturadas y trans en favor de las grasas insaturadas ayuda a mantener unos niveles adecuados de colesterol, reduce el riesgo de aterosclerosis y favorece la salud cardíaca. La prevención se complementa con la práctica regular de actividad física, el mantenimiento de un peso corporal adecuado, las revisiones médicas periódicas y evitar el consumo de sustancias adictivas.
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