Publicidad:

Comer por estrés

Dra. Monika Bak-Sosnowska Departamento de Psicología SUM, Oficina Primodium en Katowice

Puedes leer este texto en 10 min.

Comer por estrés

medforum

Alimentación

El autor describe las razones para tratar la alimentación como una forma destructiva de hacer frente al estrés y su cambio por otras constructivas.

Publicidad:

El estrés es un compañero inseparable en la vida. Aparece tanto cuando nos enfrentamos a serias dificultades en la vida, crisis, tragedias, como cuando la situación cambia inesperadamente o simplemente estamos sobrecargados con excesivas obligaciones diarias. El estrés es inevitable, pero al mismo tiempo sería insoportable experimentarlo todo el tiempo, sin momentos de respiro. El estrés crea tensión en la psique y el cuerpo, lo que provoca un malestar general y la necesidad de descargarse. Las personas tienen diferentes maneras de afrontar el estrés. Algunos provocan discusiones, otros van a la piscina o de compras, toman un baño caliente o, por último... comen. Comer bajo estrés es bastante común. Se suele creer que la comida calma, tranquiliza, relaja, reconforta. Especialmente a los dulces se les atribuyen tales propiedades. Pero, ¿puede la comida ser realmente una cura para el estrés?

El poder de la asociación

La creación de asociaciones sobre la comida comienza desde los primeros días de nuestra vida. Cuando un bebé llora y es difícil adivinar lo que necesita, la madre suele comprobar si su pañal está mojado e intenta reconocer si tiene dolor o algún otro obstáculo objetivo. Si no se da ninguna de estas circunstancias, suele amamantar al bebé o darle el biberón. Este método suele resultar eficaz y no sólo para satisfacer el hambre. Además del alimento, el bebé acurrucado junto a la madre recibe su cercanía, su calor, el sonido de los latidos de su corazón, su mirada fija en su rostro y la melodía familiar de su voz. El acto de comer se entrelaza con una serie de sensaciones positivas y esta relación, a menudo repetida, se refuerza y permanece en la memoria de por vida. También cuando el niño es mayor, la comida sigue acompañando las relaciones sociales: ayuda a expresar emociones y acompaña situaciones específicas (por ejemplo, helado para celebrar una buena nota, chocolate para consolarse, palomitas en el cine y una barrita para un paseo en bicicleta).

En momentos de estrés, nuestra psique se sobrecarga y puede tender a la regresión. Esto implica desconectar los mecanismos de control y el pensamiento racional y activar los pensamientos y comportamientos automáticos. Entonces volvemos a viejas formas de reaccionar, de eficacia probada, que sabemos que nos aliviarán. Una de esas formas es comer. La mayoría de las veces, se trata de un comportamiento del que no somos conscientes. Al echar mano reflexivamente de la comida, puede que ni siquiera seamos conscientes de lo que nos ha estresado, o incluso de que simplemente nos encontramos en un estado de estrés. Nos inclinamos a interpretar cualquier señal del cuerpo y el malestar mental como hambre.

El primer paso para afrontar mejor el estrés es reconocer las asociaciones y los hábitos de comer en exceso bajo tensión. Merece la pena responder a las siguientes preguntas: ¿Cómo siente mi cuerpo la tensión? ¿Qué señales me envía? ¿Qué pasa por mi cabeza en ese momento, en qué pienso, cómo pienso? ¿Qué alimentos busco? ¿Dónde como? ¿Cómo como? ¿Con qué rapidez? Cambiar cada uno de los siguientes elementos contribuye a una mejor gestión de la sobrealimentación en situaciones de estrés.

Higiene mental

Se suele decir que más vale prevenir que curar. Cuando el cuerpo y la psique están en buena forma, la resistencia general es mayor y resulta más fácil hacer frente a los desafíos. Cuando el cuerpo está demasiado cansado o agotado, lo afronta peor. Aunque se presta mucha atención al fortalecimiento de la inmunidad del cuerpo (por ejemplo, vacunas, vitaminas, probióticos), se habla poco del desarrollo de la inmunidad mental. La capacidad de recuperación mental está influida por muchos factores.

foto: panthermedia

Entre ellas se incluyen:

  • sueño adecuado - se cree que entre 7 y 8 horas de sueño por noche es lo óptimo para un adulto; este tiempo puede variar de forma individual, pero es importante asegurarse de que el cuerpo se recupera cada noche,
  • relajación mental y descanso - es importante mantener un equilibrio entre el esfuerzo, la actividad, el trabajo y el placer y el descanso; esto puede conseguirse mediante aficiones, deporte o cualquier actividad que proporcione placer,
  • unpensamiento positivo - sobre sí mismo, los demás y el mundo que le rodea,
  • una situación emocional favorable - para evitar, por ejemplo, la incertidumbre prolongada, los conflictos crónicos, la violencia, el acoso,
  • apoyo social - la presencia de personas con las que pueda hablar sinceramente, con las que pueda contar para obtener ayuda, la sensación de que no está solo,
  • adquisición de conocimientos y habilidades - aprender, por ejemplo, técnicas de relajación o asertividad no sólo le hace sentirse mejor, sino que también le permite afrontar mejor las situaciones difíciles.