Los fármacos citostáticos, en gran medida, tienen un efecto inespecífico sobre las células de todo nuestro organismo.
Los estudios han demostrado que cuanto más pequeño es el tumor, más sensible es al tratamiento con citostáticos. Esta sensibilidad depende de la dinámica de crecimiento del tejido en cuestión. Esto explica el efecto de los citostáticos en los tejidos sanos del organismo (epitelios, pelo o piel) y los efectos secundarios asociados a su uso. Una sola dosis del fármaco tiene efecto sobre un determinado porcentaje del tejido afectado, de ahí que la regla general sea que cuanto mayor sea el tumor, más dosis del fármaco citostático será necesario administrar al paciente.
Los fármacos citostáticos pueden dividirse en: específicos de fase y cicloespecíficos. Los fármacos específicos de fase afectan a una fase concreta del ciclo celular, mientras que los cicloespecíficos afectan a un ciclo concreto del crecimiento celular. Al aumentar la dosis de un fármaco cicloespecífico, cabe destacar que aumenta su citotoxicidad. También es importante señalar que en muy pocos casos la quimioterapia puede basarse en un único fármaco.
Normalmente se utiliza la quimioterapia multimedicamentosa, en la que se combinan fármacos citostáticos con diferentes efectos y diferente toxicidad"[1].