Los límites y los recursos emocionales de los padres son la base de la seguridad del niño. Cuando se traspasan día tras día, se produce estrés y después agotamiento. El niño, aunque aún no comprenda estos mecanismos, siente sus efectos: un cambio en el tono de voz, falta de paciencia, distancia emocional. Se trata de una señal para detenerse y examinar las necesidades insatisfechas del progenitor.
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