Muchas mujeres, al escuchar la sugerencia de su ginecólogo de acudir a un psicólogo, reaccionan con incredulidad: «Pero si este dolor no está en mi cabeza». La endometriosis, la dismenorrea, la vulvodinia o el dolor pélvico crónico tienen causas biológicas reales. El dolor es real y no es fruto de la imaginación. El problema radica en que el dolor no se percibe únicamente en el lugar donde se origina. Su intensidad no solo depende del estado de los tejidos o del grado de avance de la enfermedad, sino también del funcionamiento del sistema nervioso, el nivel de estrés, la calidad del sueño, el bienestar psicológico y las experiencias previas relacionadas con el dolor.
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